La modernidad ha muerto, el sujeto moderno


Dice Octavio Paz que la modernidad empieza con la muerte de dios y termina con la muerte del futuro. Si seguimos a Nietzche podemos ver que la primera sentencia se ha cumplido con su «Dios ha muerto», sin embargo ¿la muerte del futuro? ¿Qué implica esta sentencia? Tal vez una utopía.

Desde que la modernidad se impuso como un proyecto emancipador poco se ha cambiado. La modernidad conlleva la idea de promesa en general, es un proyecto universalista en aras del progreso, la muerte del futuro implica liquidar esta idea, que sin embargo pervive en todos los ámbitos de la vida humana.

La modernidad y el sujeto moderno

Dentro de la modernidad un aspecto que sobresale es la figura del sujeto como un individuo autónomo capaz de representar y construir el mundo, así como de dominarlo, ese mundo que se da con la naturaleza. Lo que ofrecía la modernidad sólo fue una trampa, según los críticos de la modernidad.

Para las filosofías subjetivas el sujeto es el que otorga sentido a la realidad del mundo. En estas hay una valoración amplia de la razón humana y pretende que puede explicar toda la humanidad. La filosofía posmoderna (estructuralismo, fenomenología, marxismo occidental y filosofía analítica) critica la idea de la razón absoluta, asumen que la razón interpreta la realidad pero que ésta interpretación puede fallar, es decir que la razón puede crear ficciones, mentiras.

Ciencia y modernidad

Por otro lado el problema de la ciencia moderna es que tiene en esencia un modelo metafísico, en este el sujeto se valora como un nuevo dios, por así decirlo. La ciencia se caracteriza por una construcción humana que tiene como fundamento la observación y experimentación, en esto el primer exponente es Galileo. La ciencia no deja de hacer predicciones y tiene como base la metafísica subjetivista, es decir, donde el hombre lo puede explicar todo. La ciencia moderna, que no es otra cosa que el resultado de la evolución, en términos de discurso histórico, asume que la realidad está regida por unas cuantas leyes mecánicas que si se comprenden se comprenderá la realidad.

Heidegger dice que la ciencia mecanicista asume que el sujeto es el centro. El hombre le da sentido a las cosas, todo se somete al hombre si no, no sirve. Para Heidegger el problema de la técnica provoca que todo aquello que tenga de provechoso al hombre sirva al hombre. Eso hace el sujeto hoy en día. El sujeto moderno se reconoce como amo del mundo. Heidegger sugiere que no exista esta relación de explotación del hombre hacia la naturaleza, sino de contemplación, sugiere que se habite el mundo de una forma poética.

Cuándo termina la modernidad

¿Verdaderamente la modernidad se ha terminado? es una pregunta que se puede plantear a las filosofías posmodernistas. En cuanto a la visión del sujeto, tal vez no, y también para las cuestiones del fin de la visión de la historia o de la razón universal.

Si se sigue la afirmación de Paz entonces podemos decir que no ha concluido por el simple hecho de que la historia sigue promoviendo su discurso progresista y con él las nociones de evolución, futuro y progreso. Ya aunque parezca de otro modo esta ideología continúa, sobre todo, a través del modelo del historicismo hegeliano que permea en muchos quehaceres del ámbito cotidiano.

Modernidad y posmodernidad

A pesar de ello, los posmodernos y su posmodernidad aseguran que, en efecto, llegó el fin de la historia, pero entendida en un sentido teleológico, prueba de ello es la apertura actual de la diversidad de creencias, sociedades, culturas y pensamientos, lo cual estaría dejando de lado la universalidad de la razón absoluta.

En cuanto a la noción de sujeto se pueden repasar las consecuencias de la filosofía subjetivista en la que rige el antropocentrismo. Ante de esto era muy diferente.

Con el Renacimiento el hombre alcanza un nivel de importancia elevado, a diferencia del hombre medieval que veía el destino como resignación y la figura de un dios que predestinaba el mundo y dictaba el papel de cada persona en la tierra.

Dios decidía en la vida de los hombres, pero al llegar el Renacimiento se abre el abanico de posibilidades y el hombre ya puede decidir de entre muchas opciones para poder ser, ya no se somete al destino escrito por dios, si antes dios era el centro, ahora el hombre se convierte en el centro de toda realidad.

El sujeto moderno en aras de modernidad

La idea de sujeto se construye con la modernidad, esta idea se basa en la noción de autonomía en los individuos. De esta manera el individuo, ya como una figura implantada y legitimada, reclama su autonomía y su total raciocinio e independencia. Como individuo se es capaz de razonar y de ser universal, desde la misma denominación de individuo a la modernidad se le escapaban otros aspectos, pues en la universalidad tan aspirada de un individuo sólo se refería a un cierto tipo de individuo.

Por: Sandra de Santiago Félix

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Cuerpo, tecnología, consumo y poder

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Paula Sibila, en El hombre postorgánico, señala que el cuerpo humano se vuelve obsoleto ante las nuevas tecnologías que imperan en la actualidad; en una sociedad de la información donde la técnica es el imperante, el ser humano se aliena con los procesos tecnológicos.

El cuerpo humano pierde valor, pues se privilegian aspectos como las telecomunicaciones, la biogenética, la programación; sin embargo, por otra parte, también se hace frecuentemente una apología de la originalidad, la autonomía y la independencia, conceptos que tienen que ver con la singularidad de un sujeto, de un yo que debe diferenciarse de los demás, con la individualidad.

Cuerpo, tecnología y poder

En un mundo globalizado se defiende la autonomía del sujeto, pero solo en un discurso encubierto. La realidad es que con la información masiva y la tecnología que llega a todos los rincones del mundo las personas se saturan de información, deseos de consumo y de competencia entre iguales. Lo que importa, tal parece, es sobresalir, buscar el poder, y todo esto con sus propias consecuencias políticas.

Y en todo este tejido social lleno de cambios radicales, de diversidades y masas, el cuerpo humano también se modifica. Todos los aspectos tecnológicos, políticos, de educación y culturales efectúan una influencia en la construcción de subjetividades.

Los cuerpos contemporáneos se presentan como sistemas de procesamiento de datos, códigos, perfiles cifrados, bancos de información. Lanzando a las nuevas cadencias de la tecnociencia, el cuerpo humano parece haber perdido su definición clásica y su solidez analógica: en la esfera digital se vuelve permeable, proyectable, programable”. (Paula Sibila, El hombre postorgánico, FCE. 2005. p. 14).

Pero, la concepción contemporánea del cuerpo humano pasó por varios procesos a lo largo de la historia para que hoy se vea anclado en la tecnociencia y se haya convertido en cuerpo de consumo.

Concepción del cuerpo a través de la historia

Durante la Edad Media el cuerpo humano se regulaba a través de los tiempos rutinarios de los conventos, posteriormente con la aparición del reloj doméstico el cuerpo entró en un control total en todos los ámbitos de la vida del hombre, explica Sibila.

Con la entrada de la era industrial y los procesos de producción del capitalismo, este control fue absoluto. Los cuerpos humanos se sometieron a horarios fijos de trabajo y se globalizó esta forma de control. La economía capitalista constituyó así el paso a nuevas formas de subjetividades por la masificación de tiempos en los cuerpos humanos.

Para el siglo XXI, con las nuevas tecnologías, se conformaron las sociedades de control, a diferencia de las sociedades disciplinadas, que solo atendían a la producción. Con las sociedades de control el poder y el saber se transforman, lo que importa es el consumo y ya no tanto la producción, el cuerpo ahora se ve como un objeto de consumo.

Cuerpo, biopolítica y poder

Pero qué implicaciones políticas conlleva este proceso de cambio a sociedades de control. Esta pregunta es lanzada al aire por Sibila, no es inocente para ella poner en la mesa los procesos de transformación de subjetividades a lo largo de la historia.

El poder está relacionado indiscutiblemente con el sujeto y no es exclusivo del siglo XX, como lo señala Foucault. Para él el poder más que un atributo del sujeto es una estrategia del sujeto que se constituye históricamente. Y si el sujeto se construye históricamente dónde queda entonces su autonomía.

Tal parece que nos encontramos con una contradicción en la conceptualización y formación del sujeto moderno: dónde queda dicha autonomía, si es que en realidad existe y dónde queda esa apología del sujeto como un yo genuino, original.

Para Sibila, el aspecto político es importante, ya que las relaciones de poder, de control, y su forma de aparecer en la sociedad y en los individuos crean al sujeto. En este caso, en la actualidad, el sujeto se ha modelado para jugar un papel de autocontrol.

El cuerpo como objeto de consumo

Los cuerpos humanos ya no son como en las sociedades disciplinarias, apegados al trabajo y a la producción, sino que se han transformado para fungir al modo capitalista, revisando lo que ofrece el mercado y siendo parte también de él, el cuerpo humano se ha convertido en producto y servicio del mercado, asume sus propios riesgos y vive con la idea del autocontrol. Sin embargo, el poder también se ofrece como una alternativa, como un producto.

Gracias a la tecnología los cuerpos pueden adquirir, consumir, instrumentos tecnológicos que venden una idea de poder. En las prácticas cotidianas existen discursos que nos venden la idea de un sujeto de poder: consumir objetos para obtener poder, estudiar en “x” escuela para escalar en el poder, pertenecer a un partido político, pertenecer a “x” grupo social, las creencias, las doctrinas.

Por donde se mire, el mundo está plagado de discursos que generan un deseo de poder en cada persona. En cualquier ámbito de la vida lo que importa es la legitimación propia, legitimar un yo a través del otro, o en su defecto legitimar algún aspecto personal y es así como se crean nuevas subjetividades.

La legitimación, en este sentido, tiene que ver con la autonomía, la legitimación no solo en el ámbito del derecho, sino a leyes ortodoxas y heterodoxas, a las leyes oficiales o extraoficiales. Todos queremos estar en la legitimidad, ser verdaderos y autónomos.

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Poder, relaciones y resistencia al poder según Foucault

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Según Foucault, las relaciones de poder entre sujetos surgen meramente con el lenguaje, conceptos inventados, una invención que ha llevado a regir al racionalismo en la actualidad, un pensamiento cartesiano que ha perseverado aunque parezca que la modernidad está en crisis.

Estamos anclados en una subjetividad moderna de la cual es muy difícil salir, si es que habría que salir. Ante esto tal parece que sí, pues los modelos de la modernidad que aseguran el desarrollo y el progreso no han funcionado como se lo han planteado.

Resistencia al poder

Con los nuevos modelos de producción en las sociedades industriales, surge un problema para el cuerpo humano y las mentalidades, el poder de resistencia al poder o al control.

Al fin, lo importante, es la reflexión sobre los riesgos o implicaciones políticas en la conformación de las nuevas subjetividades, pues si no existe resistencia no se puede hablar de relaciones de poder, según la perspectiva foucaltiana.

Estrategias de poder sobre el sujeto

De esta manera la autonomía del sujeto queda avasallada quedando como sólo una ilusión. De esta manera la “propia personalidad” no es propia sino del otro, siempre imitada.

Y es precisamente en este punto en que converge la actual alabanza a las formas de autonomía que son sólo especulación y estrategias de poder, todas las apologías reiteradas en los medios de información, mercadotecnia y publicidad.

Las relaciones de poder según Foucault

Las características de las relaciones “por un lado afirman el derecho a ser diferentes y subrayan todo lo que hace a los individuos verdaderamente individuos, por otro lado, atacan lo que separa a los individuos entre ellos, lo que rompe los lazos con otros, lo que rompe con la vida comunitaria, y fuerza al individuo a volver a sí mismo y lo ata a su propia identidad de forma constrictiva" (Michel Foucault. El sujeto y el poder. Versión electrónica)

Foucault parte de tres negaciones: negación del sujeto constituyente, negación de la universalidad u objetividad de la razón y negación del progreso histórico (procesos hacia mejor). Cf. Jiménez Burillo Florencio, Psicología de las relaciones de autoridad y poder. UOC. Barcelona, 2006 p. 118.

Dichas negaciones desvalorizan, o mejor, transvalorizan, al sujeto y la autonomía del yo. Las estrategias de poder de las que habla permiten categorizar al individuo, unirlo con su propia identidad.

Es así que con la configuración actual del cuerpo humano se ha perdido la resistencia, al crear cuerpos autocontrolados, no estaríamos hablando de relaciones de poder. Los sujetos se autocontrolan en una masa donde el poder radica en las técnicas de consumo, el autocontrol ya no es de un sujeto, sino de un consumidor.

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'Macbeth', retrato de pasiones en William Shakespeare

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La tragedia de Macbeth detalla las pasiones del ser humano en un mundo regido por el deseo de poder. La ambición de Lady Macbeth desatará sucesos funestos.
En palabras de Millares Carlo, Shakespeare "profundizó como pocos los misterios del alma humana, y creó en su teatro, esmaltado de bellísimos pensamientos, figuras inmortales y llenas de originalidad, que reflejan las pasiones del hombre".

Es así como en Macbeth, sus personajes principales Lady Macbeth y Macbeth, se representan desde sus más bajas pasiones, que por la ambición se logran, en este caso el homicidio. Se llega hasta este punto por querer todo el poder y no importan los lazos familiares con tal de lograr los objetivos.

El dualismo característico del Renacimiento

En la obra de William Shakespeare hay un dualismo característico del Renacimiento: la excesiva alegría de vivir, mezclada con una extraña melancolía, pero ¿cuál es la causa de esta melancolía?

Es la consecuencia de la insaciable curiosidad del hombre renacentista, que no le deja interesarse con el rigor de la Edad Media, sino que lo obliga a investigar más allá, y se encuentra pronto con problemas complicados.

Las pasiones en "Macbeth" de Shakespeare

Shakespeare se preocupaba profundamente por este problema, y sus inmortales tragedias son el producto de esta obsesión. Todas las pasiones humanas se representan en estas tragedias, el embrollo que pueden causar; pero la idea fundamental es siempre el desarrollo lógico de la causa y sus consecuencias.

Una de las más famosas figuras del mundo dramático, no solamente shakesperiano sino de toda la literatura universal es Lady Macbeth. Es uno de los perfiles más fuerte de la figura de mujer en toda la historia de la literatura.

En ella hay una terrible personificación de malignas pasiones y poderes ilimitados; pero la conciencia es más fuerte que todas las pasiones y poderes. La tragedia de su vida es que su conciencia no despierta sino hasta después del crimen.

La ambición en Lady Macbeth

Hay dos motivos dominantes en su vida: su ambición y el amor por su marido, pasiones inseparablemente unidas. Ella ama y admira a su esposo, está convencida de que él, quien es de sangre real y de valor indomable, debía ocupar el trono en lugar de su primo Duncan.

Macbeth también es ambicioso. Desea poseer la corona, pero no tiene valor para cometer un crimen para obtenerla. Lady Macbeth comparte la confianza de su marido en sus más secretos deseos y sus planes más atrevidos.

La ambición de él se ha transformado de tal manera en suya, que cuando él duda es ella quien lo impulsa. Sabe muy bien que él temerá en el momento decisivo, y se convierte en verdadero monstruo cuando le persuade, con fría crueldad, a matar a su primo en la misma noche que éste duerme confiadamente bajo su techo.

William Shakespeare la hace aparecer débil en el momento más sórdido: es cuando su corazón femenino la traiciona al momento de entrar con la daga en su mano en la recámara del rey. La víctima se aparece a su padre en el sueño, y ella no puede cometer el crimen.

Cuando su marido entra con la daga ensangrentada ella se domina y aparentemente está tranquila. Ya lo atormenta a él su vivaz imaginación: “Me pareció oír una voz que gritaba: ¡No dormirás más! ¡Macbeth ha asesinado al sueño! ¡Glamis ha asesinado el sueño, y por tanto, Cawdor no dormirá más!”

Maldición de Macbeth y Lady Macbeth

Esta maldición terrible que arruinará la felicidad y los nervios de los dos, y que finalmente, acabará con ellos, hace estremecerse también a Lady Macbeth. Pero todavía refrena los nervios, creyendo que “un poco de agua nos lavará de esta acción.

Muy pronto se tendrá que convencer que el crimen no se borra tan fácilmente. Macbeth, perseguido por su conciencia, es poseído de miedo y mata a un hombre tras otro, sospechando siempre de su traición.

Ya no consulta a su esposa, parece haberla olvidado enteramente dentro de sus grandes preocupaciones. En su presencia ella demuestra confianza, tratando en balde de inspirarlo con su propia fuerza. Y cuando él por su rara conducta atrae la sospecha de los cortesanos, con gran sutileza ella logra distraerlos.

Cuando está sola, sin embargo, Lady Macbeth da libre curso a sus negros pensamientos. Son reyes los dos y tienen todo el poder codiciado, pero no pueden dormir. Los remordimientos los mantienen despiertos y el miedo induce al rey a nuevos crímenes, alejándole más y más de su mujer, pues ella ya no quiere ver más sangre.

El remordimiento agregado a la convicción de futilidad de su crimen, va mirando el dominio de sí misma. En la escena en que ella habla dormida, todos sus sentidos sobreexcitados, todos los pensamientos que pesan sobre ella finalmente salen de su cerebro torturado.

La condena de Lady Macbeth

El conocimiento de las intenciones homicidas de su marido la enloquece. Le había parecido tan fácil lavar la sangre con sus manos. Hela allí nuevamente. Esto la atormenta, pero por más que se lave las manos, la sangre no desaparece.

William Shakespeare no condena a Lady Macbeth. La comprende demasiado, compadece a la infeliz mujer cuyas pasiones la han cegado y arruinado para vivir en el infierno de sus propios sentimientos. Ella ha matado y muere loca de remordimientos.

Retrato de bajas pasiones en "Macbeth"

Hombres o mujeres son para Shakespeare seres humanos que representan la vida con toda su alegría y todo su dolor, que viven bajo una ley inexorable que exige cuenta de sus acciones así como de sus pensamientos, y que se cumplen sin remedio. Shakespeare conoce muy bien los defectos y virtudes, así como las debilidades de la mujer.

Esta obra que por muchos es concebida como un drama de terror, llena de misterio por la participación de las brujas que presagian el motivo por el cual todo comienza, el reinado de Macbeth, es el reflejo de un pensamiento que deja ver las pasiones humanas y que destaca la importancia del hombre, de cierta manera una visión humanista, una perspectiva del hombre en Shakespeare muy apropiada para su época.

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Pureza y castidad en "La Leyenda de San Julián el Hospitalario"


Buscar la santidad en la figura de Jesucristo es lo que realiza San Julián el Hospitalario, un retrato literario que ofrece Gustave Flaubert.
La santidad conlleva un acto de impureza y de expiación, como lo explica Caillois: “lo puro y lo impuro[…] desempeñan en el mundo de lo sagrado el mismo papel que las nociones del bien y del mal en el dominio profano. Pues bien, el mundo de lo sagrado, entre otras características, se opone al mundo de lo profano como un mundo de energías a un mundo de sustancias.”

La Leyenda de San Julián el Hospitalario, de Gustave Flaubert

Las cualidades de puro e impuro, agrega, se mueven en el terreno del bien y del mal, como entre lo sagrado y lo profano; y tiene que ver, en sentido etimológico, con la mancha.

En La Leyenda de San Julián el Hospitalario, de Gustave Flaubert, Julián se ha manchado, ahora es impuro y debe expiar sus culpas para seguir viviendo de modo “normal” en el mundo. Sabe que es culpable y no puede hacer nada contra ese “destino” que le fue marcado.

Se han cumplido, pues, dos anunciaciones: la muerte de los padres y la fama y la fortuna; el destino de santidad, por destino o por azar, se dará, sin que él lo busque, porque la santidad como fin último no se puede dar.

Asceta, puro e impuro

Sin embargo, por su propia elección, Julián decide llevar una vida de asceta, que por todos es sabido, en la religión cristiana, es uno de los caminos que siguieron la mayoría de quienes fueron santificados.

Pero santo significa manchado, aquel que impuro ya no se le puede tocar porque es profano. Julián, desde este momento y en este sentido, ya es un santo, pero busca expiar sus culpas, se aparta de la sociedad, se despoja de sus bienes materiales.

La expiación es el acto que permite al criminal reanudar su actividad normal y ocupar de nuevo su puesto dentro de la comunidad profana, despojándose de su carácter sagrado”.

En el ámbito de lo puro y lo impuro, lo sagrado y lo profano, lo puro correspondería a lo sagrado y lo impuro a lo profano, de esta manera y teniendo en cuenta que el hombre desde sus inicios busca el contacto con lo sagrado, eso que desconoce: lo otro, como dice María Zambrano, buscará purificarse.

Y así lo hace Julián, a través de una vida de ascetismo. Su vida de asceta será el camino de purificación y de tener un contacto con lo otro. “Se adquiere la pureza sometiéndose a un conjunto de prácticas rituales. Se trata, ante todo (Durkheim lo ha demostrado bien), de separarse progresivamente del mundo profano, a fin de poder penetrar sin peligro en el mundo de lo sagrado.”

Camino a la santidad

Y más adelante dirá que es por eso que se debe rechazar todo lo que forma parte del desenvolvimiento humano, para gustar de la vida divina. Julián, en su camino como mendigo, cuenta su historia y cómo asesinó a sus padres por lo cual la gente huye de él -está manchado-.

En el ámbito humano no encontraba más que vacuidad y por eso decide aislarse sin muchas pertenencias, trabajaba y no pedía nada a cambio. Entregó, sacrificó, todo y luego, al encuentro con el leproso, último personaje que aparece en la historia, le entrega lo último que le queda: su comida, su techo, y al fin, su cuerpo.

Con esto asciende al cielo, santificado. La figura del leproso es el medio por el que se convierte en santo y al despojarse de su cuerpo, lo impuro, recobra la pureza y se da el encuentro con lo divino. Lo sagrado, en este caso, sería la revelación de lo otro: Jesucristo.

Lo que no es sagrado

Sin embargo, el propio Jesucristo no es lo sagrado. Aquí nos damos cuenta que en ese buscar lo sagrado, ya sea en un lugar o un objeto, lo encontró en la figura de Jesucristo, pero lo sagrado, lo no revelado, es la acción misma de ascensión. Ésta pudo haber sido también una anunciación como los ángeles que representaron al principio del relato, pero fueron el camino a la pureza.

Lo sagrado se ha desprovisto de su sentido esencial con el paso de la historia. El hombre, en su inicio, y al reconocer o tratar de reconocer lo otro para diferenciarse de él inventó un lenguaje para nombrarlo, así surgieron los dioses (Zambrano).

El contacto en sí mismo era lo sagrado pero con la instauración de los dioses y la fundación del mundo se va disgregando poco a poco la idea de o sagrado y al hombre se le olvida. Entonces cree que lo sagrado, que en su origen no era eso, es lo divino, lo santo, Dios.

¿Engaño de la religión?

Cuando esto se institucionaliza, las religiones tienen que suministrar lo sagrado a sus fieles y en la idea de pureza e impureza está la santidad, algo que se puede confundir con lo que en esencia representa lo sagrado.

En La leyenda de San Julián el hospitalario hay trazas de la operación de la santidad. Sin embargo, no deja de ser la búsqueda de lo sagrado, en esta ocasión fue con la expiación de las culpas, con la purificación. Pero en toda la historia se constata que para ello interviene el sacrificio, la ofrenda y el rito.

Es ritualizar el mito, de alguna manera, ese rito antiguo fundacional del que hablaba Zambrano y Eliade. Flaubert, al tratar de configurar una historia objetiva, sin dejar de ser una “leyenda”, algo fantástico, describe y narra, a la vez que refleja esa búsqueda y las acciones en el mundo religioso cristiano: cuando ya no hay promesas y el hombre ha quedado nuevamente con su delirio. Tiene que buscar y, como Julián, tal vez encontrar el camino de la purificación, el encuentro con lo divino, todo ello con alguna manifestación de lo sagrado.

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Otra vuelta de tuerca de Henry James: fantasmas, espectros y otros demonios


Henry James aborda este tema en su novela de terror "Otra Vuelta de Tuerca". Según Lovecraft, triunfa con esta forma de presentar lo sobrenatural.

Henry James (1843-1916) abre un espacio para dedicarlo al género de terror con su novela Otra vuelta de tuerca. Aunque el tema principal no es lo sobrenatural como algo verídico, retoma algunos elementos para infundir el miedo en el lector, independientemente de si es real o no la historia que se cuenta.

H. P. Lovecraft dice que “Henry James triunfa de su inevitable pomposidad y su prolijidad para crear un auténtico clima de siniestra amenaza; y nos pinta la odiosa influencia de dos sirvientes muertos e infernales, Peter Quint y el Aya Miss Jessel, sobre un niño y una niña que estuvieron bajo su cuidado.

Lo sobrenatural, espectros que infunden miedo

Son varias escenas donde se muestra directamente la aparición de figuras misteriosas que van influyendo en las sensaciones del lector y lo incitan a continuar leyendo, a pesar del miedo a causa del secreto que envuelve la narración.

Éste es el elemento principal del que toma mano Henry James, puesto que el hombre de manera natural se siente atraído por lo desconocido y lo prohibido, tal como lo resalta Lovecraft: “el miedo es una de las emociones más antiguas y poderosas de la humanidad, y el tipo más viejo y más poderoso es el temor a lo desconocido”.

La aparición del fantasma

Una de estas escenas puede ser la que presenta en el capítulo III, donde comienzan a suceder los hechos extraños, sobrenaturales. La institutriz tiene un encuentro sorpresivo con la figura de un hombre misterioso que no pertenece a la casa ni al pueblo.

A la institutriz la intriga la forma en que la figura la mira fijamente y luego de dar unos pasos desaparece. Conjuntamente, a través de la descripción del paisaje que se desarrolla en una casa de campo tradicional del siglo, el autor plasma el enigma que se encierra en el lugar.

Este elemento será uno de tantos retomados por el autor para provocar en el lector la sensación de suspenso. Además, es importante destacar la presencia de los niños, quienes fungen como mediadores entre el mundo sobrenatural y el plano real de la historia.

La inocencia de los niños frente al temible espectro

Es a ellos a quienes se les representa, al igual que a la institutriz, el espectro antes descrito, que posteriormente se sabrá que es Peter Quint, un antiguo criado de la casa de campo y cuidador de los infantes.

Los niños, Flora y Douglas, aparecen como testigos de la presencia del espectro. Los niños son buenos, inocentes y bellos, en contraste con el espectro, que es siniestro, de aspecto extraño, alguien a quien debe temérsele.

Espectros, brujas, vampiros y otros demonios

Esta contraposición también se presentaba en algunas historias del folklore medieval; los espectros, brujas y demás demonios hacían presencia ante seres buenos, inocentes y hermosos, de preferencia aquellos que hubieran adquirido tales características en medio de sucesos funestos.

Se ha tenido la creencia desde entonces que sólo personas con estas características son capaces de ver tales fenómenos, siendo esto un elemento que retoma Henry James de la tradición de la literatura de terror.

Luego se da una segunda aparición de tipo sobrenatural, en esta ocasión se trata de una figura femenina, Jessel, antigua institutriz, quien murió bajo circunstancias desconocidas y no se supo nada más de ella al igual que Peter Quint. Es una mujer vestida de negro, pálida y terrible, una figura de horror y maldad igual a la de Peter Quint.

Cabe destacar las interrogantes que surgen en toda la narración, que también funcionan como medio para despertar la duda. Cuestionamientos como ¿por qué expulsaron al niño del colegio? ¿Cuál es el interés de la institutriz por esclarecer el caso? ¿Por qué muere Douglas al final, después de la última visión del espectro? Y ¿por qué la institutriz no debe mantener comunicación con el tío?

Aportaciones de Henry James a la literatura de terror

Este último elemento se puede considerar una aportación de Henry James a la literatura de terror, pues anteriormente todos los casos llegaban a una conclusión de tipo racional y ofrecían pocas perspectivas al lector para una interpretación, más allá de lo acontecido en las obras.

La forma estructural en cómo se construye la obra, es decir, que no cierra la historia, la deja abierta para la interpretación del lector, es también un elemento del cual se vale James para intrigarlo y llenarlo de posibilidades en torno a lo que pretende con esta narración.

Incluso esta forma funciona de tal modo que al lector le surja el horror y que al final lo deje con la duda dando pie a nuevas formas de literatura en la actualidad.

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"Bibliópolis" de Horacio Ortiz, el futuro del libro

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El futuro del libro se ve amenazado. Los libros a veces resultan peligrosos. esto se muestra en "Bibliópolis" la ciudad futura de los libros.

Por milenios, el libro ha sido herramienta de conocimiento y goce de lectura, pero también causa de prohibiciones por lo que guardan los textos en sus páginas.

Bibliópolis, de Horacio Ortiz, es un libro editado por el Conaculta en su colección juvenil y habla precisamente sobre la peligrosidad de dicho objeto.

El libro como amenaza, el ejemplo de Fahrenheit 451 

Un libro puede ser un arma de dos filos, a veces una amenaza para quienes no quieren que el saber se disperse. Petrarca dice que “los libros, en cambio, nos deleitan hasta lo más hondo, nos aconsejan, conversan con nosotros y nos tratan con intimidad brillante e intensa”.

Juan Villoro, en la contraportada, pregunta: ¿Qué tan peligroso puede ser un libro? Al leer Bibliópolis se pueden observar semejanzas con el clásico de Ray Bradbury, Fahrenheit 451, donde los libros ya no tienen cabida en la vida humana y los bomberos se dedican a quemar cualquier rastro de ellos.

El futuro del libro, ciudad futurista, la vida sin libros

Bibliópolis traslada también a una ciudad futurista donde ya no hay libros, donde “hemos perdido ya el paraíso”, es una ciudad donde “la guerra es la paz, la libertad es esclavitud y la ignorancia es la fuerza”, donde existen los Boundaries, robots que impiden que salga a la luz cualquier reminiscencia sobre un libro.

Ahí también existe el Sistema Estatal del Pensamiento (SEP) que se encarga de borrar de la mente de sus habitantes toda huella bibliográfica; esta ciudad ficticia es Bab-Elú.

¿Cuál es la intención de Horacio Ortiz al presentar una posibilidad de un futuro donde todo se vuelve máquinas y el pensamiento y la voluntad del hombre se ven amenazados por sus propios inventos?

Una invitación a ese lector joven que ahora se encuentra inmerso en un mundo tecnológico, donde sólo interesa aumentar la capacidad de almacenamiento y velocidad en las computadoras y tener aparatos pequeñísimos para estar conectados con el mundo y disminuir la capacidad de pensar.

Papel del libro, la última biblioteca

Horacio Ortiz deleita, despierta curiosidad, conocimiento y da pauta para seguir leyendo. Con un lenguaje accesible para todo tipo de público y con una historia que sumerge al lector en ella, hace partícipe al lector.

Lo hace protagonista, defensor de la letra escrita, al igual que la Sociedad Teosófica que se encargará de develar un secreto que envuelve la ciudad y que tiene que ver con la última biblioteca desaparecida de la mente de un bibliotecario.

Pero esta sociedad y su historia la cuenta otro personaje, Sergei Voinich, a un grupo de personas que tendrán que develar la historia que se inscribe en unos pliegos extraños y deberán escudriñar y encontrar el sentido de esos textos descubiertos por él.

En la búsqueda de Bibliópolis

De esta manera Voinich lee a sus interlocutores, personajes paralelos a la historia que cuenta, pues en ella aparece la historia de Matías Ruesch, que es el bibliotecario y a su vez se convierte en el propio Voinich.

Los demás personajes de la historia, es decir, la Sociedad Teosófica, son Gris, D, Niña, el Enano y el narrador, que a su vez tienen a sus dobles en la realidad. Todo un juego de paralelismos que desde principio a fin llevan al lector a jugar en él también.

En la búsqueda de Bibliópolis, esa biblioteca borrada de la mente de un hombre, los personajes tienen que pasar por varios obstáculos, como esconderse de los Boundaries, del SEP y elaborar un mapa que los conduzca a la respuesta.

Un mundo sin libros

En Bibliópolis se lee una ciudad donde sólo existe una librería, pero en ella no hay libros sino piezas de acrílico y madera que sirven como accesorios de publicidad y antigüedades como una máquina de escribir eléctrica, una prensa oxidada e inservible o piezas de papel con imágenes que refieren lugares remotos.

Es una ciudad donde existen foros en los que el objetivo es humillar a las personas y “mientras mayor sea la degradación, mayor será el nivel de la audiencia”. Hay centros recreativos donde el cómic electrónico reúne a miles de personas a diario, donde “el arte ha perdido territorio y ya sólo se puede apreciar en lugares contados”.

Hay inmensos rascacielos donde los rayos del sol casi no tocan el suelo, donde imperan las zonas industriales y “sus habitantes deambulan bajo el estigma de la insensibilidad y la falta de armonía”, donde para vivir es necesario morir, la mente ha sido borrada de las personas, el placer ha muerto, no hay ciencia, no hay libros.

En lucha contra la extinción del libro y la literatura

Esta ciudad ficticia es en la que se puede entrar y conocer la manera de vivir de sus habitantes sumidos en una indiferencia total, donde algunos, pocos, se interesan por rescatar algo del pasado, se resisten al sometimiento de la tecnología y deben persistir escondidos en el subsuelo para intentar rescatar un pasado perdido.

Entrar a esta ciudad es ocupar el lugar de los protagonistas y convertirse en buscadores de Bibliópolis, la ciudad de los libros perdida. Es luchar contra todas aquellas formas que atenten contra la extinción del libro y sobre todo de la literatura.

El lector joven de hoy

Para tal encomienda sólo queda la defensa del lector joven para entrar en el juego que a su vez es paralelo al de su presente, porque al leer Bibliópolis ya está formando parte de esa Sociedad Teosófica, mientras existan lectores existirán libros y para que existan libros deberán existir los lectores.

Y si se trata de responder la pregunta de qué tan peligroso puede ser un libro, se tendría que el peligro radica en la indiferencia que tuviera el lector a todo lo que se narra y que el mundo se convierta en Bab-Elú.

El libro representa siempre un riesgo, cambiar prejuicios, descubrir otras posibilidades, que no a todos conviene. Pero, lo importante es correr el riesgo, lo que pase después, ya será tema de discusión aparte.

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'La Mandrágora' de Maquiavelo: aspectos generales


Maquiavelo se infiltra en la burguesía, es el poeta satírico moderno, su crítica es hacia las clases sociales, ridiculiza a la ciencia y a la religión en La Mandrágora.

Según Jacques Pirenne, la ciudad de Florencia se considera como el centro político y cultural por excelencia hacia los siglos XV y XVI. Se encontró envuelta por las nuevas ideas que surgieron con el Renacimiento.

Contexto de Nicolás Maquiavelo

Durante la época aparecen personajes importantes que dan pie a una época moderna, entre ellos Nicolás Maquiavelo, cuya aportación más importante es en el aspecto político con su obra El Príncipe.

Sin embargo, no es lo único que logró, sino que diferente a lo que se plasma en esta obra, se encuentra una comedia titulada La Mandrágora. La época que le toca vivir es de transición donde antes la ideología y la forma de vivir giraban en torno a lo divino y luego cambia para que el hombre se considere el centro universal.

Obra y vida del autor de El Príncipe

En Maquiavelo se nota el anhelo por comprender la evolución social y política que surge en ese tiempo. Estudia la sociedad y propone acciones de cambio, visibles en El Príncipe. No lejos de lo que plasma en esta obra, logra de otro modo más literario dar a conocer el aspecto humano de la época a través de La Madrágora.

Diversos elementos en forma satírica ponen en manifiesto el sentir del pueblo y los problemas por los que atraviesa, es decir, las cuestiones de poder y el cambio de percepción hacia el mundo. Es una comedia sencilla pero suficiente para manifestar de forma alegórica su momento político.

Estructura y trama de la comedia La Mandrágora

La obra se compone de cinco actos, un prólogo y una canción, estos últimos se ha pensado que no son de su autoría. Su trama, un joven mancebo, Calímaco Guadagni, se enamora de una hermosa mujer, Lucrecia, esposa de Nicia Calfucci.

Nicia es un hombre algo desconfiado, pero que sabe mucho acerca de la naturaleza humana. Calímaco se vale de la ayuda de Siro, Ligurio y Fray Timoteo para poder cumplir su objetivo: conseguir a Lucrecia.

El principal motivo en el relato es la conquista de una dama y se puede comparar a la Celestina, por la sicología de los personajes. Todos buscan intereses propios que se esconden bajo un designio particular.

En La Mandrágora el objeto de poder es Lucrecia y la idea de “el fin justifica los medios” está presente en la obra.

Las artimañas de los personajes

El engaño, las artimañas y el dinero mueven las acciones de la obra y se logra la encomienda. Calímaco en realidad no está enamorado, sólo quiere cumplir con su capricho pasional y para lograrlo no escatimará en recursos ni en moralidades.

Sus ayudantes, especie de mediadores, no lo dejan ni un instante. Siro siempre permanece fiel a su amo, mientras que Ligurio hace la función de casamentero, idealiza el plan de principio a fin. Es un personaje de experiencia y no le importa gastar su dinero con tal que se realice lo planeado.

Alegoría y tradicionalismo 

Por otro lado, lo tradicionalista se muestra en los personajes de Lucrecia y Sóstrata que caen en el enredo gracias a su confianza religiosa. La mujer todavía tiene la idea de la redención del perdón divino haciéndose más marcado que en el hombre. Fray Timoteo ayuda a Calímaco basándose en la religión para engañar a las mujeres.

La Mandrágora es una alegoría de la realidad que se vive, pero además tiene como característica el uso de figuras retóricas en los diálogos, no deja de lado las metáforas y lenguaje coloquial.

En el Renacimiento se retoma el pensamiento clásico, el aprecio a una educación mejor y se da importancia al hombre de acuerdo a su entendimiento.

En La Mandrágora existen algunas líneas en latín lo que es signo de inteligencia y saber, Calímaco hace uso de él para engañar a Nicias haciéndolo creer que es un excelente médico.

Engaño, ciencia y empirismo

En esta comedia existe el engaño en todos los sentidos. Hay una conveniencia entre lo científico y lo empírico, que da pie a una apertura de ideología metodológica.

El médico en la obra nunca existió y para un problema como la esterilidad se basan en remedios homeópatas, ironizando a la sociedad que es engañada por personajes como este.

El engaño llega hasta el ámbito divino con el personaje de Fray Timoteo. Es perverso, ambicioso y cómplice. Hay escenas donde interviene la concepción vana de la religión, el pecado como algo que se puede remediar con una penitencia, la mayor de las veces económica, es decir, el dinero a cambio de la salvación.

La doble moral develada

Los personajes representan a las personas que viven con doble moralidad. Maquiavelo los critica de manera irónica con una visión humana, sin justificar los hechos, sólo dando a conocer el actuar de entonces.

La compra-venta de una idea, de un perdón divino son elementos que se critican no solo del clero, sino también de quienes se beneficia con esta forma de vivir.

Maquiavelo logró manifestar en general el pensamiento de la época que le tocó vivir. Desnuda a las personas individualmente, muestra de su perspicacia y agilidad para desenvolver las mentalidades y a través de ello saber qué es lo que se puede lograr con una visión de poder.

Al igual que en El Príncipe, su comedia muestra las relaciones de poder y la forma de salir de situaciones que obstaculizan la capacidad de obtener el triunfo.

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La leyenda de San Julián el Hospitalario de Flaubert


La Leyenda de San Julián el hospitalario, de Flaubert, narra las aventuras de Julián, que incluso desde antes de nacer ya tenía marcado su destino de santidad, anunciada por ángeles.

Por razones de azar o decisión, Julián, a pesar de haber llevado una vida y sus acciones con maldad, al final se convierte en santo porque se arrepiente de ellas.

Desde el inicio sus padres tienen visiones o anunciaciones por parte de ángeles, en las que se les marca un destino trágico pero también lleno de glorias. Julián se convierte en un excelente cazador y sobre esta cualidad se extiende casi todo el cuento.

Etapas en la vida de Julián antes de convertirse en santo

  1. Llena de virtudes, riquezas y cualidades para la cacería.
  2. La vida de casado y con la culpa de creer haber matado a sus padres.
  3. Por iniciativa de la esposa, el resurgimiento de la cacería y la verdadera muerte de sus padres por él mismo.
  4. Su vida de asceta en su expiación de culpas.
El sacrificio, ofrenda y rito 

Al inicio del cuento, Flaubert describe minuciosamente el entorno en que vivían los padres de Julián; éstos, al parecer esperaron por largo tiempo la llegada de un hijo y después de muchos ruegos a Dios, lo tuvieron.

En esta primera parte se puede constatar la ritualización de un hecho que al principio fue una ofrenda, los rezos, y luego cuando ya viene la donación -del hijo- llega el agradecimiento. Por lo cual, efectúan los festejos para agradecer a esa fuerza omnipotente el haber “regalado” algo tan esperado y tan aclamado.

Dos revelaciones en La leyenda de San Julián el Hospitalario

En la primera parte ocurren dos revelaciones (sagradas, si se toma en cuenta que es algo desconocido y que se ocultan, a pesar de haber revelado algo con la palabra) por parte de dos personajes misteriosos.

Por un lado, a la madre: anunciando la santidad de su hijo, y por otro, al padre: anunciando un futuro lleno de sangre y a la vez de poder. Ambos personajes sacrifican dichas anunciaciones, es decir, que no las revelan uno al otro.

Por su parte, ya se pueden encontrar estos personajes ofreciendo un rito de festejo en agradecimiento al nacimiento de la nueva criatura, pero con las dos anunciaciones surge otra “obligación” o prohibición: callar lo revelado para que en realidad la divinidad conceda lo que se ha dicho.

La promesa

El sacrificio se puede entender, según Roger Caillois, como una cuestión de reciprocidad, en la que hay un deudor después de haber sacrificado o consagrado algo.

Los personajes guardan su secreto, porque esperan recibir las acciones anunciadas por los ángeles. La anunciación es una promesa, pero ellos entienden que no se les dará gratuitamente y tienen que sacrificar algo, el secreto.

De esta manera, como ambos sabían su destino, llenaron de conocimiento y adiestraron al niño en la cacería, de tal suerte que se convirtió en un gran cazador.

Tal vez todas las atenciones que le dieron suscitaron la sed de matar bestias salvajes y que él mismo se convirtiera en una de ellas, como lo describe Flaubert.

Tercera revelación a Julián, el sacrificio de sus padres

Esta vez es a Julián. Esta anunciación no es tan acogedora como las anteriores, pues lo que se anuncia es la muerte de sus padres por su propia mano.

Lo cual hace que Julián sacrifique lo que más le da satisfacción, la cacería. Como la idea de que existiera la posibilidad de matar a sus padres lo embarga, ya ni la cacería llena su vida, se ha sumido en un letargo de tristeza.

Sin embargo, lo deja de hacer, lo sacrifica, y espera a través de eso que no suceda lo anunciado. Sacrifica las armas por temor a que sea por ellas que pueda ocurrir la muerte de sus padres.

En esa autoprohibición aún queda un resquicio de deseo de continuar con la caza, por lo que, nuevamente lo retoma y en el uso de sus armas cree haber matado a su madre y emprende la huida, por la culpa. En su hacer y creer rompe el sacrificio, no mantiene su rito hasta el final.

Se ratifica la promesa

En el contexto del bien y el mal comenzó a obtener fama por triunfar contra los malos, armó ejércitos y fue tal su hazaña que se convirtió en emperador al tomar por esposa a la hija de emperador.

Nuevamente, se cumple una de las primeras anunciaciones, la de emperador y fortuna. Además que en esta nueva etapa retoma el sacrificio de dejar las armas por la culpa que le sigue atormentado.

Sin embargo, en su sangre sigue el deseo de cazar y se presentan, otra vez, las tentaciones, ahora por vía de su esposa retoma las armas de la cacería.

Rompe nuevamente el sacrificio. Con este acontecimiento surge otro tipo de sacrificio que emprenderá con otra huida, pero esta vez se despojará de todos los bienes materiales para entrar en una especie de ascetismo, que lo llevará posteriormente por el camino de su santidad, la santidad anunciada desde el inicio.

Lo sagrado 

Pero en todo esto, dónde se encuentra la manifestación de lo sagrado. En cuanto a las anunciaciones como algo que se revela pero oculta en parte la verdad, es decir, que no se entrega de forma completa, ahí se estaría manifestando lo sagrado.

Por otro lado, el sacrificio, en relación con lo religioso y lo sagrado sería otra forma de buscar lo sagrado, se espera, pero aún no se manifiesta lo sagrado. Se sacrifican las palabras, las armas, pero en el fondo hay la esperanza de que se cumpla la promesa y del encuentro con lo sagrado.

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"La Feria" de Juan José Arreola: Un acercamiento a México

La novela de la Revolución no necesariamente se enmarca dentro del suceso revolucionario. Escritores como Arreola hablan de lo que dejaron a su paso. "La Feria" de Juan José Arreola: Un acercamiento a México

La Revolución Mexicana fue un hecho histórico que marcó el curso de México en todos los ámbitos. Acerca de la Revolución existe un sinfín de estudios históricos, ideológicos, políticos y sociales.

Diferentes identidades de los mexicanos

Hace 60 años Octavio Paz escribió en su Laberinto de la Soledad, que bajo un territorio tan grande como México cohabitan diferentes épocas, costumbres, pueblos, y cuestionando el ser o la identidad del mexicano mostró que ahora siguen persistiendo diversas formas con el plus de la tecnología.

Es natural que después de la fase explosiva de la Revolución, el mexicano se recoja en sí mismo y, por un momento, se contemple. Las preguntas que todos nos hacemos ahora probablemente resulten incomprensibles dentro de cincuenta años. Nuevas circunstancias tal vez produzcan reacciones nuevas.”

Las otras formas de novela de la Revolución

En este sentido, a pesar de ser un hecho de principios del siglo XX, continúa vigente en la memoria de muchos que aún transitan con el recuerdo vívido, en la celebración de su centenario e incluso en las novelas que remiten a ella cada vez que se las lee.

Luego de la Revolución surgió en la literatura un suceso, a caso necesario, que llevó a literatos como Mariano Azuela, Martín Luis Guzmán o Fancisco L. Urquizo a plasmar en papel las vicisitudes, el sentir del pueblo y los conflictos de quienes vivieron a flor de piel la Revolución.

La novela de la Revolución, según algunos, es sólo la que escribieron aquellos que se situaron o fueron testigos en la época.

Sin embargo, hay más novelas que sin ser propiamente revolucionarias, y fueron escritas varias décadas después, mantienen en vigencia el tema de la Revolución.

Otra de muchas: La Feria

Un ejemplo de ello es La Feria, escrita por Juan José Arreola, en cuyas páginas existen alusiones directas a este acontecimiento, que de manera ficticia retrata, como otras tantas, la época.

La historia no se enmarca en los albores de la Revolución pero sí tiempo después, plantea lo que dejó a su paso en un pueblo en particular: Zapotlán.

Las escenas y conflictos que allí se describen permean incluso en la actualidad y no son exclusivos de un periodo post-revolucionario, baste con asomar un poco a un pueblo cercano, donde la ajetreada vida citadina no es tan común.

Yo, señores, soy de Zapotlán el Grande. Un pueblo que de tan grande nos lo hicieron Ciudad Guzmán hace cien años. Pero nosotros seguimos siendo tan pueblo que todavía le decimos Zapotlán”. Dice Juan José Arreola en su autobiografía.

Estructura de la novela de Juan José Arreola

Y es precisamente, sobre su pueblo natal que refiere su novela La Feria, escrita en 1963. Esta narración tiene como estructura fundamental la narración de diversos personajes que toman la voz sin un narrador general, no hay más que el elemento del mismo pueblo de Zapotlán el que va construyendo el argumento de la obra.

Al principio parece que no tienen ilación cada uno de los párrafos, ya que existen diferentes voces con sus historias muy particulares, pero todo gira en torno a un momento especial: la feria del pueblo.

Conforme se avanza en su lectura los personajes van construyendo una historia general, donde ya no importan tanto las historias particulares, sino todo lo que envuelve al pueblo, sus costumbres, su gente, la religión y sobre todo el problema agrario.

Similitudes con Pedro Páramo

La estructura de La Feria hace recordar, por su similitud, a la novela Pedro Páramo, de Juan Rulfo, que también retrata a un pueblo con características semejantes, pero a diferencia de ésta hay más interlocuciones por parte de personajes.

En Pedro Páramo también interviene como característica fundamental el tiempo, las narraciones se trastocan a partir de éste, confundiendo al lector al tratar de comprender el argumento general.

Pero más allá de la estructura, en La Feria, se da cierta confusión hacia el lector a partir de las anáforas que se muestran a lo largo de toda la novela, es decir, cuando termina un párrafo el siguiente da pausa a que parezca que el diálogo continúa, aunque no siempre es así.

La escritura fragmentaria

De esta manera, Arreola conjunta un tipo de estructura muy particular, que no es lineal, en la que se enlazan datos históricos, intervenciones de personajes en forma de monólogo y otras en forma de diario, sin faltar los diálogos.

La novela de Arreola se conforma en fragmentos que parecen haber sido puestos al azar, pero no es así. Todas las intervenciones como la del niño que se confiesa, la historia de Concha Fierro, los pleitos de los indios o la del zapatero, aparecen de vez en vez siguiendo su propia unión.

Lo que sí es visible es que se presentan dispersos a lo largo de la novela. Si se quiere ver cada historia por separado se encontrará la redondez en cada una, pero la forma dispersa de los fragmentos hace que se encajen dentro de una historia general, la del pueblo.

Entre la vida pública y la privada

Con esta forma, Arreola muestra la vida privada de los personajes y con esto cambia la cara de Zapotlán, ya que el pueblo es como un personaje colectivo, una apariencia que se desvela con la vida particular de su gente.

Como ejemplo de lo anterior está la historia de Fidencio, cerero del pueblo, quien siempre se muestra áspero con el trato a sus clientes, aunque gracias a él la fiesta tan esperada y la más importante con la que se honra al patrono San José se llena de luz gracias a las velas que ofrece.

Similar a la anterior es la historia del niño que se confiesa con el sacerdote. En cada fragmento donde aparece, el niño de trece años siempre muestra sus travesuras que van encaminadas al pecado carnal, palabras vulgares o malos pensamientos, siempre sobre la sexualidad o el morbo.

La vida privada de los habitantes habla de la vida pública del pueblo, que vive sólo de apariencias.

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"El milagro secreto" de Jorge Luis Borges: El problema del tiempo

La eternidad no pertenece al tiempo cronológico. "El milagro secreto" de Jorge Luis Borges da cuenta de ello.
La eternidad y con ella el problema del tiempo siempre fueron preocupación de Hladík, personaje principal de este cuento de Jorge Luis Borges, pero no es sino hasta que anuncian su muerte cuando vive de alguna manera la eternidad y sus implicaciones.

El anhelo de extender el tiempo

La muerte siempre está presente ya sea físicamente o en el pensamiento pero no el momento exacto en que se presenta, casi nunca se piensa en ella al menos que la hora esté latente, anunciada, como la de Hladík.

Con los días contados y el temor al fusilamiento surge el anhelo por extender el tiempo; saberse finito y que aún le quedan trabajos por concluir lo sumerge en el pavor.

Diferentes tiempos a la espera del fusilamiento

Para Hladík, el tiempo pasa muy rápido mientras espera. Su flecha sicológica no es paralela con la flecha termodinámica, también se puede ver que la “espera” como lo señala San Agustín está presente como distensión del alma para alargar el futuro, el final que es la muerte.

En ese transcurrir el personaje inventa y vive una y otra vez el momento de su fusilamiento en su imaginación, en esa pretensión de alargar el momento vive como eternamente un solo instante.

En los días que preceden al fusilamiento vive su inmortalidad, su invulnerabilidad a la muerte, gracias a su imaginación y al sueño.

El tiempo del sueño

Con el sueño representan diferentes tiempos en el relato: el que ocurre presente (la flecha termodinámica), el que ocurre en su pensamiento al imaginar las posibles formas de muerte (flecha sicológica) y el tiempo onírico, que lo lleva a cabo en el presente.

El tiempo del sueño y la imaginación no es el mismo de la realidad, los días que pasa en prisión no coinciden con el tiempo de la espera de la ejecución. Los sueños son como realidad y anunciaciones para el personaje.

Todas las reflexiones de él son acerca del tiempo y existe un juego paralelo con el tiempo que transcurre mientras reflexiona. El tiempo es una falacia y él mismo lo enfrenta.

Dios, dueño del tiempo

Con el deseo que tiene de alargar la espera (futuro) de manera alegórica, la figura de dios concede un lapso en el que por fin logra terminar su drama, pero ese año sólo ocurre en su conciencia, nuevamente las flechas del tiempo se separan.

El pensamiento es un detonante del tiempo, pues al percibir todo pausado excepto el pensamiento se da cuenta que el tiempo en realidad se detuvo, sin embargo se detuvo para él.

La figura de un dios dueño del tiempo permite que en la mente del personaje transcurra un año y así logre terminar su texto y la única herramienta que tiene para lograrlo es la memoria, sólo reteniendo las líneas en su memoria puede terminar el texto.

En este supuesto año, viéndolo de manera independiente, se pueden ver las tres facultades de la imaginación de San Agustín: la memoria, al borrar los versos sólo en su imaginación; la atención, en el momento en que queda ya terminado cada verso; la espera, cuando sabe que el año terminará y debe concluir su obra.

Cuestión de percepción en el cuento de Borges

Con este cuento se puede ver de manera evidente que el tiempo varía según la percepción: el tiempo de la espera (es como eterno y repetitivo, pues ocurren numerosas variantes de su muerte), el tiempo del sueño (que coincide con la alegoría de dios y que incide en su acción), el tiempo presente, el tiempo del la imaginación (a punto de fusilarlo pasa un año en su mente).

Todo ello con un contante cruce con el estudio de la eternidad que ya había hecho en su otro libro. En este sentido y alegóricamente el milagro secreto es concedido por dios que permite vivir o presenciar la eternidad como él lo había pensado ya, aunque después de su muerte quede nada.

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María Zambrano: lo sagrado, miedo y transgresión en el origen

En su libro "Filosofía y Poesía", María Zambrano analiza los conceptos de lo sagrado, lo profano y lo divino en los confines del primer hombre.

Para hablar sobre las manifestaciones de lo sagrado se debe partir de una definición de lo sagrado para luego a partir de ahí, si corresponde una manifestación, cómo es dicha manifestación y dónde se encuentra lo sagrado para que se manifieste.

Muchos filósofos, como María Zambrano han estudiado sobre lo sagrado, y por ende, lo profano, además de la relación que hay con lo divino, los dioses y las religiones. Tal vez desde que el hombre se da cuenta que su entorno está ahí como algo indiscernible trata de dar respuestas a preguntas que surgen en el contacto que se tiene con todo lo demás.

María Zambrano y el acercamiento a lo sagrado y lo profano

Y para adentrarse a lo sagrado se tiene que ahondar en lo divino, pues el hombre a lo largo de la historia ha mantenido dioses y los ha tenido en un marco “sagrado”. Habrá qué preguntarse si lo divino es sagrado, si un dios es sinónimo de sagrado.

María Zambrano apunta que la relación inicial del hombre con lo divino se da en el delirio y no en la razón, pero ese delirio es de persecución, de saberse inmerso en un entorno lleno de algo que no sabe qué es.

El delirio de persecución en María Zambrano

Antes de cuestionar cualquier cosa, su primera necesidad es la de ver, de ahí su delirio de persecución, ya que a la vez persigue lo que ve pero luego sabe que también es visto, que es perseguido; luego viene la necesidad de identificar eso que no sabe qué es.

Pues antes que entrar en lucha con otro hombre y más allá de esa lucha, aparece la lucha con ese algo que más tarde, después de un largo y fatigoso trabajo, se llamarán dioses".

Pero en este encuentro, en esta lucha, el hombre debió mantener una comunicación con lo otro, primero con la vista y luego con la razón y en esa necesidad definirá, otorgará nombres para diferenciarse de lo otro.

La primera manifestación de lo sagrado

Se puede decir que en este proceso existe la transgresión, a la manera de quebrantar la paz que existe antes de que todo sea visto por el hombre.

Ahora bien, lo sagrado, o mejor, la primera manifestación de lo sagrado, para Zambrano, ocurre cuando el hombre se forma una imagen, luego de hacerse una idea de dios, una imagen sagrada. Todo esto tiene que ver con el surgimiento de los dioses y responde a la pregunta de cómo surgen y por qué.

La respuesta que nos dará Zambrano es que resulta a razón de la condición trágica del hombre, pero sobre todo, de que él se da cuenta de ello y no puede lidiar con ese peso sin algo a lo que asirse. El primer encuentro con esos dioses es lo que en realidad el ser humano es.

María Zambrano y la búsqueda constante

Pero en esto interviene el acto de aparecer, y por lo tanto el hombre siempre estará en una constate búsqueda de los sagrado o de la esencia que se presenta de diferentes formas, que siempre está ahí y luego de pactar con los dioses a través de un lenguaje poético.

Ahora bien, si sostiene que “la forma primaria en que la realidad se presenta al hombre es la de una completa ocultación, ocultación radical; pues la primera realidad que al hombre se le oculta es él mismo. El hombre –ser escondido- anhela salir de sí y lo teme, aunque la realidad toda no envolviera ningún alguien, nadie que pudiese mirarlo, él proyectaría esta mirada".

Lo sagrado sería lo nunca revelado, lo otro, pero en ese encuentro con lo otro hay cierta violencia, cierta transgresión que provoca inferioridad al hombre, porque es inasible, nunca lo abarcará, y en ese sentido queda sin respuestas nuevamente.

Otras opiniones en torno a lo sagrado

De manera similar otros estudiosos de lo sagrado, como Mircea Eliade sostienen que lo sagrado necesita un espacio y que proviene de la necesidad de una fundación -del mundo-.

Lo sagrado para él es una experiencia primordial que proviene de la experiencia fundacional; si se relaciona con lo expuesto por Zambrano, sería la fundación por el lenguaje poético y en particular, que el hombre tuvo que asirse a un espacio o algo para esa fundación, y así lo hizo con los elementos de la naturaleza.

De esta manera y con el paso del tiempo lo sagrado -esa experiencia fundacional- se ha depositado en otros objetos y en otros espacios, cuando todo aquello se fue institucionalizando en religiones, de ahí que hay lugares sagrados (santuarios o templos), personas sagradas (obispos, santos y papas), objetos y demás.

Por otro lado, Roger Caillois sostendrá que lo sagrado es algo ambiguo y corresponde a una categoría de la sensibilidad, para él no se puede separar lo sagrado de lo profano, pues una cosa no se puede explicar sin la otra.

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