"El milagro secreto" de Jorge Luis Borges: El problema del tiempo

La eternidad no pertenece al tiempo cronológico. "El milagro secreto" de Jorge Luis Borges da cuenta de ello.
La eternidad y con ella el problema del tiempo siempre fueron preocupación de Hladík, personaje principal de este cuento de Jorge Luis Borges, pero no es sino hasta que anuncian su muerte cuando vive de alguna manera la eternidad y sus implicaciones.

El anhelo de extender el tiempo

La muerte siempre está presente ya sea físicamente o en el pensamiento pero no el momento exacto en que se presenta, casi nunca se piensa en ella al menos que la hora esté latente, anunciada, como la de Hladík.

Con los días contados y el temor al fusilamiento surge el anhelo por extender el tiempo; saberse finito y que aún le quedan trabajos por concluir lo sumerge en el pavor.

Diferentes tiempos a la espera del fusilamiento

Para Hladík, el tiempo pasa muy rápido mientras espera. Su flecha sicológica no es paralela con la flecha termodinámica, también se puede ver que la “espera” como lo señala San Agustín está presente como distensión del alma para alargar el futuro, el final que es la muerte.

En ese transcurrir el personaje inventa y vive una y otra vez el momento de su fusilamiento en su imaginación, en esa pretensión de alargar el momento vive como eternamente un solo instante.

En los días que preceden al fusilamiento vive su inmortalidad, su invulnerabilidad a la muerte, gracias a su imaginación y al sueño.

El tiempo del sueño

Con el sueño representan diferentes tiempos en el relato: el que ocurre presente (la flecha termodinámica), el que ocurre en su pensamiento al imaginar las posibles formas de muerte (flecha sicológica) y el tiempo onírico, que lo lleva a cabo en el presente.

El tiempo del sueño y la imaginación no es el mismo de la realidad, los días que pasa en prisión no coinciden con el tiempo de la espera de la ejecución. Los sueños son como realidad y anunciaciones para el personaje.

Todas las reflexiones de él son acerca del tiempo y existe un juego paralelo con el tiempo que transcurre mientras reflexiona. El tiempo es una falacia y él mismo lo enfrenta.

Dios, dueño del tiempo

Con el deseo que tiene de alargar la espera (futuro) de manera alegórica, la figura de dios concede un lapso en el que por fin logra terminar su drama, pero ese año sólo ocurre en su conciencia, nuevamente las flechas del tiempo se separan.

El pensamiento es un detonante del tiempo, pues al percibir todo pausado excepto el pensamiento se da cuenta que el tiempo en realidad se detuvo, sin embargo se detuvo para él.

La figura de un dios dueño del tiempo permite que en la mente del personaje transcurra un año y así logre terminar su texto y la única herramienta que tiene para lograrlo es la memoria, sólo reteniendo las líneas en su memoria puede terminar el texto.

En este supuesto año, viéndolo de manera independiente, se pueden ver las tres facultades de la imaginación de San Agustín: la memoria, al borrar los versos sólo en su imaginación; la atención, en el momento en que queda ya terminado cada verso; la espera, cuando sabe que el año terminará y debe concluir su obra.

Cuestión de percepción en el cuento de Borges

Con este cuento se puede ver de manera evidente que el tiempo varía según la percepción: el tiempo de la espera (es como eterno y repetitivo, pues ocurren numerosas variantes de su muerte), el tiempo del sueño (que coincide con la alegoría de dios y que incide en su acción), el tiempo presente, el tiempo del la imaginación (a punto de fusilarlo pasa un año en su mente).

Todo ello con un contante cruce con el estudio de la eternidad que ya había hecho en su otro libro. En este sentido y alegóricamente el milagro secreto es concedido por dios que permite vivir o presenciar la eternidad como él lo había pensado ya, aunque después de su muerte quede nada.

P

De vez en cuando vengo aquí para desempolvar mi almohada.

0 comentarios: