Diario

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Algo despierta entre sábanas de perla, el lobo se acerca despiadado, acaba con las letras que forman los relieves de un edificio y desnudas amapolas sirven de elocuencia.

Algunos buscan corazones capaces de guardar recuerdos. luces ondean tras las montañas, es lo incierto que acaba la tregua entre el despertar y el llorar.

Soldados apagan las angustias que tienen las nubes desnudas. La jaula pregunta si algún día dejarán de volar ideas por sus entrañas. Reman lombrices, huyen y duermen porque buscan el recuerdo que se escapa en las penumbras de los mares. Se agita cada vez más la roca.

No leeré lo que un segundo atrás la mano que me tiene escribió. Me leerán porque la mano porta todo y puede deshacer los segundos en papel, puede placentera, atar el orgullo a una servilleta.
Oh, mano que me aprisionas, quisiera ser tu esclavo solamente.

Hay una tinta que deslava la apariencia, se encuentra al borde de cenizas que cubren el recuerdo. Antologías de plegarias no dicen que yo soy eterno y desatado, hago silencios en el cielo. Cobardes los que sin razón sonrojan las lágrimas de la esperanza.

Ayer los búhos danzaban la alegría de la muerte y mil plumas aleteaban saborando los lentes que tapan la alegría. Morirán los dioses de las chozas y la zorra lamentará los besos que la tierra le quitó; mas no retornará la paz que se va por el sendero donde los amuletos no pueden derrocarse. Así sera hasta que una catrina cante la melodía de la razón.

Otros lamentarán el trazo del delfín. Así que, para qué preocuparnos del otro despertar si arrugando una pintura velardeana nos hallamos. Buenos no hay que logren destapar la agonía encerrada en un mundo incapaz de someter la cálida reencarnación de un suspiro.

Cesa la lágrima desonocida. Habrá otros que jamás volteén al suelo, porque su mundo-inframundo- está en el cielo. Sólo basta para vivir una roca que golpeé las camas y así soñar sin fin.

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